La sequía, la contaminación provocada por la combustión de vehículos y la liberación de sustancias industriales en la ciudad de Puebla degradan la calidad de los jagüeyes en Flor del Bosque, una de las principales áreas naturales protegidas del estado. Una investigación publicada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) evidenció que, en dichos espacios, la presencia de metales pesados y sustancias químicas en niveles superiores a los permitidos por ley suponen un daño a la salud humana y el ecosistema que los alberga.
Una evaluación hecha en 2024 por Cecilia Téllez López, maestrante en Ciencias Ambientales por la BUAP e ingeniera ambiental por la Universidad Tecnológica de Puebla (UTP), reveló que tres jagüeyes situados en Flor del Bosque presentaron niveles de polución química superiores a los permitidos por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
De acuerdo con la investigadora, la agudización de la sequía en los últimos años, la modificación de los patrones de lluvia y la intensa presencia de agentes contaminantes en las periferias de la ciudad, provocados esencialmente por la combustión del creciente parque vehicular y las fábricas, hace que los jagüeyes padezcan la contaminación.
Aunque no existen descargas residuales que afecten de forma directa estos cuerpos de agua, la contaminación atmosférica que provocan diversos actores es arrastrada por el viento. Esto se agudiza con la escasez de agua, pues las sustancias dañinas se quedan estancadas.
Según la bióloga Daniela Vázquez Fuentes Aguilar, de la BUAP, los jagüeyes son depósitos artificiales que se conforman del agua proveniente de lluvias, ríos, manantiales y arroyos.
Aunque la calidad del líquido no es recomendable para consumo humano, debido a que se obtiene de una fuente a cielo abierto, dichos espacios son empleados para el riego de cultivos y, adicionalmente, complementan la subsistencia de flora y fauna local. Esto sin contar que, en algunos casos, su cuidado constituye una forma de convivencia social.
Metales pesados en los jagüeyes exceden la norma
Mediante su análisis publicado a finales del año pasado, Téllez López dio a conocer los resultados de mediciones de calidad del agua hechas a tres jagüeyes al interior de la Reserva Estatal Flor del Bosque (identificados como Vivero, Cabaña 6 y Desafíos), que es compartida por los municipios de Puebla y Amozoc.
Según la experta, las muestras vislumbraron la existencia de diversos metales pesados presentes en los cuerpos hídricos. Esto simboliza un peligro latente para la subsistencia de la flora y fauna que existe en la zona.
Algunas de las sustancias más riesgosas halladas en dichos espacios fueron el cadmio, mercurio, dicloroetano, tetracloroetileno, tetracloruro de carbono y tricloroetileno. Todas ellas son carcinogénicas. Es decir, son capaces de producir cáncer en los seres humanos.
En ese sentido, la ingeniera ambiental evidenció que algunos de los metales que exceden de forma significativa los niveles permisibles, de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM-001-SEMARNAT-2021, son el cianuro, arsénico, níquel, zinc, plomo y cobre.
Aunado a ello, se documentó que la Demanda Química de Oxígeno (DQO), que es uno de los parámetros más importantes para medir la concentración de sustancias artificiales que degradan la calidad de un cuerpo hídrico, superó la norma federal.
Mediante una serie de estudios, la investigadora encontró que son varios factores los que propician la acumulación de contaminantes en los jagüeyes; además, sugirió otras causas.
Precisó que las causas más significativas son la mezcla de emisiones industriales y la combustión de los vehículos. Las corrientes de aire y la cercanía con estos sitios provoca que la polución se estanque por tiempos prolongados.
Téllez López destacó que, si bien las gasolinas están libres de plomo desde 1997, los sedimentos restantes de años atrás quedan permeados en el suelo, y eventualmente son arrastrados hacia estos cuerpos hídricos.
Por otra parte, la especialista apuntó que los restos de cobre que dejan los neumáticos de los automóviles que atraviesan por el Periférico Ecológico, una de las vialidades más importantes de la zona metropolitana, pueden ser llevados hacia la zona en cuestión.
Además, de acuerdo con el escrito, que se basó en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en los municipios de Puebla y Amozoc existen 278 industrias que emiten algún tipo de contaminante atmosférico, principalmente de los sectores de construcción y minería.
Por otra parte, indicó que la presencia de metales pesados en las aguas de los jagüeyes puede estar relacionada a la intensa actividad que el volcán Popocatépetl tuvo recientemente. Lo anterior debido a que la ceniza posee varias de estas sustancias.
Analizan daños en animales acuáticos
En la investigación, Téllez López puso a prueba algunos ejemplares de pez cebra, a los que colocó diversas dosis de agua contaminada para conocer sus consecuencias.
De esta manera, encontró que, si bien las concentraciones de los contaminantes no fueron letales para los animales, el contacto con dichos agentes químicos provocó cambios a nivel molecular, lo cual puede conducir a daños significativos para la salud de los ejemplares.
La especialista destacó en su análisis que, aunque los peces no registraron daños en el tejido de branquias e hígado, la constante exposición a estas sustancias altera las características fisiológicas y la propia forma de algunos órganos esenciales para los animales.
Aunque no se analizaron los efectos en otras especies, el estudio constató que los sitios de análisis fueron utilizados por diversas especies, como cacomixtles, venados de cola blanca y coatíes, para beber el agua restante de los jagüeyes.
Para finalizar, la investigadora hizo hincapié en que la contaminación de los jagüeyes no sólo constituye una afectación ecológica para la flora y fauna local, sino que también fragmenta la naturaleza social de estos espacios. Por ese motivo, concluyó enfatizando que es urgente robustecer las medidas de control de emisiones, además de protección de áreas verdes.
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